O jornal espanhol EL PAÍS, veio a Beja saber porque a região do Baixo Alentejo, um bastião da esquerda, deu uma guinada política ao apoiar o partido de extrema-direita Chega nas eleições legislativas de 18 de maio de 2025. A mudança, foi de protesto. Os motivos, como já escrevi, são óbvios: abandono do Estado central na região, imigração descontrolada, falta de investimentos na região, péssimas acessibilidades, precariedade no trabalho, perda de poder de compra, falta de habitação e o afastamento dos partidos tradicionais na região, que só vêm cá quando acontece a Ovibeja. O jornal também aborda outros motivos para a mudança de votos, como a insegurança e a desconfiança em relação aos ciganos.
Deixo aqui a notícia completa:

FOTO: EL PAÍS
Alentejo, feudo de la izquierda desde la Revolución de los Claveles, abraza a la ultraderecha
Chega atrae el voto de protesta con un cóctel que mezcla el hartazgo por el abandono de la región y la sensación de inseguridad ante el aumento de la inmigración
Beja – 25 MAY 2025 – 05:30 CEST
Nadie sabe cuántos antiguos votantes comunistas se han ido con la ultraderecha en el Alentejo, pero Miguel Água-Doce es uno de ellos. Cuatro días después de que los portugueses se acostasen anonadados con el veredicto electoral del pasado domingo, que envió a la izquierda al diván para una larga temporada y dio un espaldarazo histórico a la derecha en general (3,59 millones de votos, 60%), y a Chega en particular (1,34 millones, 22,5%), Água-Doce celebra los resultados de su partido con un verso de Grândola, vila morena, la canción revolucionaria que puso en marcha el golpe que hace medio siglo acabó con la dictadura. “¿No dicen que es el pueblo quien más ordena? Pues ahí está. El pueblo quiere un cambio. Las personas están hartas de 50 años de lo mismo: Partido Socialista y Partido Social Demócrata. Nada nuevo sale de ahí“, dice.
Beja, donde Água-Doce nació hace 52 años, es un inesperado símbolo del histórico vuelco político vivido en Portugal el 18 de mayo. En la localidad alentejana, Chega ganó las elecciones con el 27% de los votos, seguido de la coalición conservadora AD (24%). Los socialistas (23,8%) y los comunistas (13%) descendieron a la tercera y cuarta posición. “La política no me importaba nada, pero cuando he votado, votaba a los comunistas por Los Verdes, tenemos que tener conciencia ecológica si queremos dejar algo a las generaciones siguientes”, explica Água-Doce tras salir de trabajar. “Un día escuché a André Ventura [líder de Chega] y pensé que tenía razón. A mí Chega me sacó de la abstención después de 10 años”, añade.
En las legislativas de 2024 votó por vez primera a Ventura, que ha protagonizado el ascenso más meteórico de la democracia portuguesa. “Vivir aquí es complicado, faltan casas, faltan empleos y los inmigrantes están por todas partes. La plaza de la República parece una plaza de Detroit”, describe.
Hartazgo. Enfado. Abandono. Inmigración. Gitanos. Las 14 personas entrevistadas para este reportaje tienen diferentes edades, ocupaciones e ideologías. Todas coinciden en identificar esas cinco motivaciones locales, sumadas a la ola populista mundial, como responsables del viraje político en el distrito de Beja, un feudo de la izquierda portuguesa desde la Revolución de los Claveles, que en 1974 acabó con casi medio siglo de dictadura. En Beja, el rechazo a los extranjeros es relativamente nuevo, pero el rechazo a los gitanos es antiguo.
“Hay un prejuicio muy fuerte. En el Alentejo hay montones de historias, reales o no, contra los gitanos, pero el 90% de la población de Beja nunca ha ido a las Pedreiras y no saben en qué condiciones viven. Ahora hay más de 80 chabolas, sin luz y un grifo de agua para compartir. Conozco familias que quieren salir del barrio y trabajar, pero nadie les contrata. Hasta no hace mucho tiempo ni siquiera les abrían cuentas en los bancos”, señala Ana Ademar, que coordina el proyecto Capitanes de la Esperanza para llevar cultura a los barrios desfavorecidos.
En Beja, según el Diagnóstico Social de 2024 elaborado por el Ayuntamiento, hay 685 personas de etnia gitana que reciben entre 121 y 242 euros al mes del Rendimiento Social de Inserción (RSI), destinado a paliar la extrema pobreza. Junto a la denuncia de la corrupción y la inmigración “descontrolada”, el combate a “la subsidiodependencia” es una de las líneas maestras del discurso de Ventura desde que fundó Chega en 2019. En los peores años de la crisis económica, entre 2007 y 2010, había más de 9.000 personas que recibían el RSI en el distrito de Beja. En 2024 habían bajado a 5.658, según datos de la Seguridad Social.
Cuatro días después del vuelco político, en la panadería que atiende Olivia Martins todavía era visible la conmoción. “En As Neves, que era comunista, ganó Chega”, informa la panadera. La clienta solo encuentra exclamaciones para responder: “Não diga! Meu Deus! Olivia Martins tiene 67 años y recuerda la dictadura. También a los estraperlistas españoles que su padre escondía bajo el heno. “Sé bien lo que es vivir del otro lado. La gente joven que ha votado Chega no se da cuenta de las consecuencias de lo que han votado”, lamenta. “Yo no voté por ese, pero las personas están saturadas y sienten mucha inseguridad en la ciudad”, añade detrás del mostrador, donde despacha panes y mantiene tertulias con los clientes habituales.
La llegada de inmigrantes se disparó a partir de 2017. En apenas un lustro se duplicó: los extranjeros con residencia legal en Beja aumentaron de 1.259 a 2.081 en 2022. Proceden sobre todo de Brasil, pero la comunidad asiática y magrebí que llega para trabajar en la agricultura es la que suscita más hostilidad. Muchos están solo de paso hacia otro país europeo. “A medida que llegó gente de fuera para hacer el trabajo que nadie quiere hacer se generaron problemas por la falta de viviendas, pero el propietario que alquila una casa para 30 se está beneficiando y la empresa agrícola que les hace contratos precarios también”, subraya Patrícia Santos.


